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Llevo mucho tiempo, sobre todo los últimos años, sintiendo un empuje interior enorme. Una fuerza, que aunque durmiendo poco y viajando mucho, me hacen saltar de la cama cada mañana, dando gracias por lo que tengo, por quien me acompaña en el camino y por esa energía que siento que es genuina.

He descubierto que tener objetivos constantes es estar constantemente motivado. Porque la desmotivación no es un mal de nuestra era, es simplemente una consecuencia de la manera en la que nos planteamos nuestro día a día. Muchos son los retos y objetivos que me he marcado en la última década, y la sensación de triunfo personal ante aquellos que he logrado es pura magia, tal cual, una sensación de alegría, fortaleza y felicidad rebosante.

Pero eso sí, sacrificios, y muchos, pero clave en mis motivaciones, yendo la mayoría de las veces unidos a sufrimiento y esfuerzo. Porque soy de los que cree firmemente que vivir una sola vez, justifica la necesidad de hacerlo apasionantemente.

Hay que ser valientes y tomar decisiones, aunque éstas siempre serán criticadas por terceros, encontrando su sentido en nuestro interior, que es lo único que importa. Decisiones, que con el tiempo, serán la única forma de ser consecuentes con nosotros mismos.

Si se vive entre codornices, es muy difícil aprender a volar como las águilas.

Cuando te miras al espejo, ¿qué sientes?. Gustarse a uno mismo es estratégico en este proceso. Esa parcela de ego es imprescindible para avanzar y conseguir tus objetivos, para liderar cualquier proyecto, por grande o pequeño que sea. Si tú no te quieres a ti mismo, si tú no piensas que lo que haces es la “caña”, ¿cómo se lo vas a explicar a los demás? Si tú mismo no te lo crees, nadie creerá en ti. No puedes esperar que alguien te de una palmadita y te diga lo bien que lo haces y lo bueno que eres, porque desgraciadamente, la envidia te acompañará a lo largo de toda tu vida, es irremediablemente infinita. Eres tú el que debes tomar la iniciativa y mostrarle al mundo entero de lo que eres capaz, y al carajo lo que digan durante el camino.

Pero ojo; cuanto más grandes sean tus sueños, más grande y exigentes serán los sacrificios que debas estar dispuesto a experimentar, y directamente proporcional a las críticas que recibirás, porque si tu entorno no te cuestiona es porque no estás creciendo. Y a mi, últimamente, me ha dado por soñar así, a lo grande. ¿Por qué no? Constancia, consistencia y sobre todo, determinación, han sido convicciones que me han permitido avanzar estos últimos años.

El león nunca pierde el sueño por lo que pienses las ovejas.

Creo que las cosas nunca se acaban, que siempre se puede ir más allá, que se puede mejorar, que nunca nada es lo suficientemente bueno… No hay que parar nunca, hay que vivir en un caos constante pero controlado. La innovación como motor de progreso y mejora constante. Y alguno pensareis, ¡¡estás loco!!.. Pues sí, creo que tengo una tara en la cabeza, y bendita tara que no me deja estar conforme nunca, que siempre me pide más cambio, nuevas experiencias, más creatividad. Porque ese dicho terriblemente mediocre e inmovilista de que “si algo funciona no lo cambies”, yo no lo quiero, no lo compro. Si algo funciona cámbialo, mejóralo y te aseguras que nunca va a dejar de ser bueno, que nunca dejará de evolucionar.

Reconozco que me apasiona el cambio, la innovación y experimentar, me mantiene motivado y activo, donde la cabeza no me para, así como una montaña rusa sin frenos, aunque con una hoja de ruta que me hace tener claro hacia donde quiero ir. No quiero parecerme a nadie, quiero que lo que haga, sólo lo haga yo y que sea algo realmente bueno y de calidad; joder, no puedo evitarlo, siempre tengo hambre de más. Reconozco que soy competitivo y debo confesar que me gusta, quiero ser bueno, pero serlo de verdad, porque para ello llevo invertidas muchas horas y algunos euros en potenciar y perfeccionar algunos talentos, como si de un músculo se tratase, queriendo ser mejor que yo mismo el día anterior.

Admiro enormemente a las personas que quieren ser los mejores en lo que hacen, porque aunque no lo consigan, esa forma de entender la vida es pura esencia. Detesto a los conformistas, a los que se quejan de todo, a los que van por la vida con el vaso lleno, donde no cabe más.

Lucho por rodearme de gente con hambre en los ojos, gente con ganas de ganar, gente con ganas de pulir y mejorar su talento, ese músculo oculto dentro de nosotros que mueve el mundo. No dejes que nadie te diga que no tienes talento, lucha, pelea y demuestra que eres realmente bueno en aquello que te hayas propuesto.

Y aquí no hay soberbia si al compartir mis inquietudes el corazón te late a ritmo de superación y motivación. Porque como dicta la famosa fórmula del éxito, los conocimientos y las habilidades suman, pero lo que realmente multiplica las posibilidades de alcanzar aquello que te propongas, por muy utópico que parezca, es la actitud.

Porque tu idea es una locura hasta que triunfa.

#ChangeforSchool. Emilio Torres González

4 comentarios en “HAMBRE EN LOS OJOS…

  1. Si de algo le tengo que dar gracias a Dios, y a Don Bosco es de cruzarme en el camino a personas maravillosas de referencia tanto de esa niña con 7 años como la de 21 que te sigue aun.
    Gracias, gracias y gracias Emilio!

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  2. Muy enriquecedor el artículo nos permite apreciar la realidad en nuestras aulas gracias por compartir tus experiencias felicidades.

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